Conclusión seminario: Parroquias, presente y futuro

SEMINARIO: ORIGINALIDAD, VALOR Y MISIÓN DE LA PARROQUIA

Al concluir el curso os ofrecemos este texto como fruto del estudio que un grupo de personas hemos realizado en el IDTP sobre el presente y el futuro de la parroquia. Con el deseo de que os resulte útil para la reflexión y el diálogo.

Una parroquia con futuro es una parroquia:
1- Reconocida y respetada. La parroquia es una forma concreta de ser y vivir en Iglesia; tiene unas características propias que la configuran y distinguen. Es importante no confundir la parroquia con otros sujetos eclesiales que han nacido y han sido reconocidos para otra misión y con otro carácter, como las comunidades religiosas, las asociaciones de fieles o las instituciones caritativas o educativas. Ignorar su originalidad, desde dentro o desde fuera, le resta sentido y crea una confusión conflictiva.
2- Cercana. La parroquia es una realidad próxima, accesible y conocida, tanto por sus miembros como por su historia. Es lugar de encuentro. Una parroquia con futuro está presente y atenta en el barrio o pueblo en donde vive. La visibilidad va más allá del edificio o de las actividades, de tal modo que la parroquia participa, según sus posibilidades, en iniciativas sociales y culturales.
3- Católica. Es para todos y para todo. Por una parte, la parroquia es “para todos” porque está abierta a todas las generaciones, a distintas intensidades de vinculación, a diversas mentalidades y formas de vivir la fe, a todos los bautizados sin necesidad de ninguna otra especificidad o pertenencia. Por otra parte, la parroquia es “para todo” porque cuenta con todo lo necesario para desplegar lo esencial de la vida cristiana: anuncio, iniciación, oración y sacramentos, vida de comunión y caridad.
4- Abierta. Abierta, en primer lugar, a la Iglesia diocesana, de la que es la célula básica. Abierta a otras parroquias, con las que va construyendo lazos y proyectos mediante su integración en una Unidad Pastoral en la que pueda cumplirse el ideal de “para todo y para todos”, que quizá ella sola y por sí misma quizá no podría alcanzar. Abierta al futuro, dispuesta para ello a renunciar a ciertas rutinas y comodidades para asumir nuevas formas y posibilidades.
5- Participativa. La parroquia no puede ser, solo, una institución, sino que ha de ser también una realidad de comunión hecha “por todos”. Comunión que se fundamenta en lazos significativos de afecto y compromiso compartido. Comunión que permite el reconocimiento mutuo y la comunicación de fe basados en la confianza mutua. Todo ello sin pretender asimilarse a un grupo de referencia o pequeña comunidad. La participación nace de la misma fe compartida y apoyándose continuamente en esa raíz común incluye el discernimiento comunitario para la toma de las decisiones. Una participación que pasa por preguntarse qué es lo que mi parroquia espera de mí. Necesitamos una mayor conciencia de que la parroquia tendrá futuro gracias al compromiso permanente de un grupo de bautizados, y no sólo por disponer, o no, de un presbítero.
6- Celebrante. Las celebraciones sacramentales, y muy especialmente la Eucaristía dominical, exigen una preparación cuidadosa. Sería deseable que la misa del domingo fuera la mejor vivencia parroquial de la semana para el mayor número posible de personas. La preparación incluye la homilía pero también la acogida, el canto y cuanto favorezca la participación consciente. La abundancia de misas en ciertas zonas mientras otras parroquias no tienen eucaristía todos los domingos necesita ser revisada. Lo mismo que la existencia de horarios más pensados en responder a la comodidad de algunos que en la necesidad comunitaria.

7- Estable. Las facilidades de transporte y la proximidad de otras parroquias -en el hábitat urbano- introducen el criterio de electividad en cuanto a la pertenencia parroquial: hay personas que eligen su parroquia al margen de cuál sea la que les corresponda por radicación. Tal posibilidad debe equilibrarse con la estabilidad: la parroquia elegida debe serlo a todos los efectos, evitándose que la relación parroquial caiga en la lógica de los servicios religiosos a la carta.
8- Renovada. Capaz de ofrecer a sus fieles formación, retiros y ejercicios espirituales, acompañamiento personal en los diversos momentos vitales y grupos de referencia en los que compartir la vida cristiana y su crecimiento. La renovación parroquial exige analizar el modo en que está viviendo sus valores fundamentales: proximidad, servicialidad, comunión y misión.
9- Iniciadora. La parroquia ha de brindar itinerarios adaptados para el encuentro personal con Jesucristo, que es el objetivo de la Iniciación cristiana. En la Iniciación cristiana la parroquia es un sujeto eclesial cualitativamente destacado, ella es la responsable de la convergencia de los otros sujetos concernidos: familia, escuela católica, asociaciones. Una parroquia con futuro necesita gestionar la colaboración de todos ellos con valentía, generosidad y claridad, sin hacer dejación de las responsabilidades que le corresponden inexcusablemente.

Foto 1:Benjaminm31; Foto2: archivalladolid

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