Tag Archives: parroquias

Conclusión seminario: Religión civil americana

SEMINARIO: ¨LA FORMACIÓN DE CIUDADANÍA EN RELIGIÓN CIVIL AMERICANA¨

Dirigido por Richard C. Salter, profesor visitante de la Universidad Hobart and William Smith Colleges (Estado de Nueva York).

Durante el año académico 2016-2017, un pequeño grupo, bajo los auspicios del IDTP, emprendió la tarea de explorar el lugar de lo sagrado en la vida pública de los EEUU dirigido por el profesor Richard Salter. En el seminario ¨Formation in American Civil Religion¨ (La formación en la religión civil americana) nos dedicamos a una exploración del rol de lo sagrado en la autoconcepción de los EEUU y en la formación de los ciudadanos de los EEUU. Solemos llamar “religión civil¨ a este vínculo de lo sagrado en la vida de una comunidad civil. Constituye un aspecto importante de cómo está construida la nación.

National Museum of American History

Comenzamos con una breve mirada al concepto americano de lo sagrado en las políticas contemporáneas a través de la referencia al ¨excepcionalismo¨ y las creencias sobre la identidad de los EEUU en los programas de los dos partidos más populares (los Republicanos y los Demócratas). ¿Por qué creen los ciudadanos de los EE.UU. que América es “excepcional?” ¿Qué significa decir que América es una nación elegida? ¿Cuál es la fuente de la convicción estadounidense de que el poder de los EE.UU. solo se usa para lo Bueno? ¿De dónde viene la creencia que el capitalismo americano es el único sistema económico apto para todo el mundo? ¿Cuáles son los fundamentos para la fe americana en el individualismo y el servicio voluntario? Con estas preguntas como base, nos propusimos descubrir los conceptos de lo sagrado en la religión civil de los EEUU, cómo funciona, y aún más cómo se hace una inculcación de lo sagrado en la vida política americana. El renacimiento del populismo en los EEUU y, en particular, la elección de Donald Trump como Presidente en Noviembre 2016, dieron una urgencia a nuestra investigación.

Iniciamos el acercamiento a la teoría con la lectura de Las Leyes de Platón y una sección bien conocida del Contrato Social (libro 4, sección 8, ¨religión civil¨) de Rousseau. Platón nos propuso una concepción de la religión civil positiva y fuerte, inculcada por la educación (por ejemplo, la enseñanza de la armonía social por medios de armonía en música, expresión coral, y educación física en los colegios) y a través de leyes normativas y un código penal. Es una concepción de religión civil interesante, pero no nos parecía apta para una comunidad grande y heterogénea como las comunidades en que vivimos hoy en día. Al contrario, Rousseau nos dio una concepción de la religión civil negativa y débil, con solo una ley fuerte (en contra de la intolerancia) y un puñado de conceptos abstractos sobre la justicia (por ejemplo, que Dios es bueno, que existe una vida futura en la que se van a recompensar los justos de esta vida con la gratificación, y los injustos de esta vida van a recibir un castigo). Aunque esta idea de religión civil es más apta para una comunidad grande y heterogénea, como la nuestra, nos parecía un poco vacía, y nos preguntamos para qué sirve algo tan formal y sin contenidos. ¿Puede una religión civil débil y formal vincular una comunidad?

Para ampliar nuestro entendimiento de religión civil y dar un contexto histórico al tema de la religión civil en los EEUU leímos dos artículos seminales, ¨Religión Civil en América¨ del sociólogo americano Robert Bellah, y ¨Dos Ceremonias Americanas Sagradas¨ del profesor americano de religión Conrad Cherry. Por su parte, Bellah concibió la religión civil como una interpretación sagrada de la identidad histórica de los EEUU, una interpretación que podríamos encontrar en documentos como los discursos de los Presidentes. Aunque esta interpretación es informal, se puede usar como una norma ideal y para corregir nuestro rumbo cuando nos perdemos. Por otro lado, Cherry nos mostró cómo funciona la religión civil en los rituales públicos, como en el funeral de Robert Kennedy o en el ¨Memorial Day,¨ el día dedicado a la memoria a los soldados caídos en la guerra civil de los EEUU. Según él, estos rituales públicos dan un sentido compartido a la comunidad, y este sentido sirve para vincular a los ciudadanos entre sí. Bellah y Cherry acuerdan que un vínculo de los ciudadanos por medio de una concepción o ritual sagrado puede ser muy importante como motivación en la comunidad nacional.

Saint Andrew Cemetery of Saginaw

A partir de teoría e historia, nos dirigimos a la pregunta más pragmática de la motivación que se le ha dado históricamente a la religión civil por parte del estado en los EEUU. Si bien la religión civil sirve como manera de motivarse, no es cierto que siempre se usa para causas buenas. Leímos, por ejemplo, como la autopercepción de los EEUU como ¨nación elegida¨ con una misión sagrada ha efectuado las políticas internacionales de los EEUU (por ejemplo, en las guerras de expansión contra los indios en el oeste del país o en la guerra contra España en Cuba y las Filipinas). O, desde otra perspectiva, como leímos en el ensayo ¨Blood Sacrifice and the Nation¨ (Sacrificios de sangre y la nación) quizás la idea de una comunidad sagrada requiere y se manifieste en rituales de sacrificio como la guerra, y por eso promulga ciertas formas de conflicto. Con la certeza de que la religión civil puede motivar a la gente de un país tanto por lo Bueno como por lo Malo, nos hicimos dos preguntas profundas: Primero, ¿quién tiene el derecho de promulgar una religión civil? Segundo, ¿Cómo se puede distinguir entre una religión civil y cualquier otra ideología?

Para profundizar la concepción de lo sagrado en los EEUU y ver cómo está conectado con la ideología, se volvió al libro The Real American Dream (El Verdadero Sueño Americano), escrito por Andrew Delbanco, el cual sigue como ha cambiado el foco del ¨sueño americano¨ de Dios, hacia la Nación y el egoísmo en los últimos 350 años. Percibimos, con Delbanco, que el sueño americano se les ha perdido a los americanos. Pero, si este sueño americano se ha perdido, ¿con qué lo van a sustituir? ¿Otra ideología? ¿El consumismo?

Recordando las teorías de Platón y Rousseau, las ideas de Bellah y Cherry sobre la ¨religión civil, ¨ y como la ¨religión civil¨ han funcionado como motivador en los EEUU, nos preguntamos qué se necesitaría para formar un sentido útil y bueno de lo sagrado en una comunidad cívica, laica y plural. ¿Es posible, o debemos dejar lo sagrado a las religiones confesionales? De todos modos, un sentido de lo sagrado se va a desarrollar en el estado.

¨The moral equivalent of war¨ (El equivalente moral de la guerra), un fecundo ensayo del filósofo, psicólogo y pedagogo americano William James, propuso un plan nacional de servicio y actividad en el cual los ciudadanos tendrían que pagar un ¨impuesto de sudor¨ para entrar en plena adultez. En el pasado, escribió James, los ciudadanos aprendieron algunos valores morales y hábitos buenos a través de las actividades de la guerra. Con el progreso de la civilización nosotros hemos tenido que dejar la guerra atrás, escribió el, pero la inculcación de valores morales y hábitos buenos se puede continuar por otros medidos equivalentes (como, por ejemplo, el servicio nacional voluntario). Seguramente, James tenía una visión muy optimista, y como vemos en otras lecturas, el deseo humano de alcanzar valores sagrados siempre lleva un riesgo. En el caso de James, vimos inmediatamente que su visión implica problemas de su época, como el sexismo o el clasismo. Parece buena idea inculcar valores morales y hábitos buenos, pero a veces esta inculcación implica otros valores invisibles, malos e inmorales. ¿Podemos luchar por valores sagrados sin caer en la tentación de substituir nuestra visión limitada de lo sagrado por lo sagrado verdadero? Y, por otro lado, ¿se puede evitar la responsabilidad uno al otro con que estamos cargados a causa de nuestra libertad como ciudadanos y seres humanos?

Entramos en la última sesión con muchas preguntas sobre la necesidad de una religión civil para vincular a los ciudadanos. Pero también entramos con una conciencia de los riesgos que llevamos como ciudadanos y seres humanos limitados que solemos enlazarnos con algo más limitado que percibimos. En vez de buscar unas repuestas concluyentes, había llegado el momento de reflexionar y clarificar los asuntos más importantes para llegar a la próxima etapa. Nos dirigimos al libro The Irony of American History (La ironía de la historia americana), escrito por Reinhold Neibuhr, uno de los teólogos y éticos americanos más importante del siglo XX. Niebuhr nos hace recordar que somos, por un lado, creados a imagen de Dios, con voluntad y capacidad de percibir, esperar, trabajar, y luchar por lo Bueno. Pero también nos hace recordar que somos limitados y, casi siempre, olvidamos los límites de la situación humana. A esto llamó ¨el pecado¨.

Aunque Niebuhr escribió en la década de 1950, en un contexto dominado por el conflicto entre los EEUU y la Unión Soviética, nos señaló que siempre vamos a confrontar un dilema entre nuestra dimensión espiritual, de donde viene nuestra creatividad, libertad, y visión de lo Bueno, y nuestra dimensión carnal, o sea limitada, que siempre nos va a atar a nuestros intereses más inmediatos. Ambas son ampliadas por nuestro aspecto individual, en que por lo menos a veces podemos elegir un rumbo moral, y nuestro aspecto comunal, en que siempre tenemos que comprometernos. Con el ingrediente del poder, que es el ingrediente más característico de los EEUU desde la Segunda Guerra Mundial, los riesgos aumentan porque tenemos más oportunidad de imponer nuestra visión sobre los demás. Para Niebuhr, no hay solución excepto el cultivo de una visión realística de ambos lados. Es decir, como ciudadanos, y como nación, igual que como seres humanos en general, tenemos que ver nuestros aspectos espiritual y carnal, y tenemos que aprender que no podemos evitar la responsabilidad de luchar por lo Bueno, pero tampoco podemos confiar completamente en la visión humana de que es lo Bueno. Seguramente, vamos a equivocarnos. Lo que sí podemos hacer es cultivar un sentido de ironía, es decir una autoconcepción basada en el realismo de que a más poder, más riesgo. Un sentido de ironía puede ayudarnos en el reconocimiento que somos limitados.

Terminamos el seminario con esta sabiduría de Niebuhr: la situación humana es trágica porque a veces es obligatorio elegir entre dos opciones imperfectas. El asunto es aún más difícil como nación, porque nuestra visión es más empañada. Quizás una religión civil debe tener en cuenta esas limitaciones y dirigirse a fomentar un sentido de ironía que nos permita actuar, pero siempre con ojos abiertos a las posibilidades de que estamos sustituyendo lo que es bueno para nosotros por lo Bueno en su sentido más real.

Sin duda, a lo largo de las sesiones del Seminario solo abrimos la puerta a esas preguntas profundas, pero, por lo menos, obtuvimos un esquema de cómo avanzar.

En Bilbao, 19 junio de 2017,

Richard C. Salter

 

Autor foto1: nationalmuseumofamericanhistory

Autor foto 2: mikefritcherphotography

Conclusión seminario: Parroquias, presente y futuro

SEMINARIO: ORIGINALIDAD, VALOR Y MISIÓN DE LA PARROQUIA

Al concluir el curso os ofrecemos este texto como fruto del estudio que un grupo de personas hemos realizado en el IDTP sobre el presente y el futuro de la parroquia. Con el deseo de que os resulte útil para la reflexión y el diálogo.

Una parroquia con futuro es una parroquia:
1- Reconocida y respetada. La parroquia es una forma concreta de ser y vivir en Iglesia; tiene unas características propias que la configuran y distinguen. Es importante no confundir la parroquia con otros sujetos eclesiales que han nacido y han sido reconocidos para otra misión y con otro carácter, como las comunidades religiosas, las asociaciones de fieles o las instituciones caritativas o educativas. Ignorar su originalidad, desde dentro o desde fuera, le resta sentido y crea una confusión conflictiva.
2- Cercana. La parroquia es una realidad próxima, accesible y conocida, tanto por sus miembros como por su historia. Es lugar de encuentro. Una parroquia con futuro está presente y atenta en el barrio o pueblo en donde vive. La visibilidad va más allá del edificio o de las actividades, de tal modo que la parroquia participa, según sus posibilidades, en iniciativas sociales y culturales.
3- Católica. Es para todos y para todo. Por una parte, la parroquia es “para todos” porque está abierta a todas las generaciones, a distintas intensidades de vinculación, a diversas mentalidades y formas de vivir la fe, a todos los bautizados sin necesidad de ninguna otra especificidad o pertenencia. Por otra parte, la parroquia es “para todo” porque cuenta con todo lo necesario para desplegar lo esencial de la vida cristiana: anuncio, iniciación, oración y sacramentos, vida de comunión y caridad.
4- Abierta. Abierta, en primer lugar, a la Iglesia diocesana, de la que es la célula básica. Abierta a otras parroquias, con las que va construyendo lazos y proyectos mediante su integración en una Unidad Pastoral en la que pueda cumplirse el ideal de “para todo y para todos”, que quizá ella sola y por sí misma quizá no podría alcanzar. Abierta al futuro, dispuesta para ello a renunciar a ciertas rutinas y comodidades para asumir nuevas formas y posibilidades.
5- Participativa. La parroquia no puede ser, solo, una institución, sino que ha de ser también una realidad de comunión hecha “por todos”. Comunión que se fundamenta en lazos significativos de afecto y compromiso compartido. Comunión que permite el reconocimiento mutuo y la comunicación de fe basados en la confianza mutua. Todo ello sin pretender asimilarse a un grupo de referencia o pequeña comunidad. La participación nace de la misma fe compartida y apoyándose continuamente en esa raíz común incluye el discernimiento comunitario para la toma de las decisiones. Una participación que pasa por preguntarse qué es lo que mi parroquia espera de mí. Necesitamos una mayor conciencia de que la parroquia tendrá futuro gracias al compromiso permanente de un grupo de bautizados, y no sólo por disponer, o no, de un presbítero.
6- Celebrante. Las celebraciones sacramentales, y muy especialmente la Eucaristía dominical, exigen una preparación cuidadosa. Sería deseable que la misa del domingo fuera la mejor vivencia parroquial de la semana para el mayor número posible de personas. La preparación incluye la homilía pero también la acogida, el canto y cuanto favorezca la participación consciente. La abundancia de misas en ciertas zonas mientras otras parroquias no tienen eucaristía todos los domingos necesita ser revisada. Lo mismo que la existencia de horarios más pensados en responder a la comodidad de algunos que en la necesidad comunitaria. Continue reading