2A Miradas creyentes: “Desendiosarnos”

No poder salir a la calle y movernos con libertad nos incomoda a todos. En el caso de los contagiados la situación de aislamiento en los domicilios es una vivencia difícil, pesada e incómoda. En las personas ingresadas en las unidades de aislamiento de los hospitales, soy testigo de una experiencia que es tremendamente deshumanizadora. En momentos muy difíciles de su vida, de gravedad, deben permanecer durante toda su estancia solas. Su único contacto son otras personas ajenas, los profesionales, que con nuestra mejor voluntad y saber hacer les tratamos y ayudamos en las necesidades más básicas tanto médicas como humanas. Nos vemos muchas veces desbordados por el peso de la sobrecarga de trabajo, somos hombres y mujeres envueltas bajo los equipos de protección, no se les puede ver la cara y la voz esta muchas veces distorsionada por las mascarillas. Es, en fin, una experiencia de soledad extrema, de autoconciencia plena de fragilidad y vulnerabilidad, de desamparo también. En los casos de fallecimiento, hay ocasiones en que el último contacto de despedida del familiar fallecido es una triste fotografía de la cara del cadáver junto con la voz pesarosa de algún sanitario que comunica, vía telefónica, lo más cálidamente que puede, el triste suceso, que frecuentemente ya se había anticipado.

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